<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:itunes="http://www.itunes.com/dtds/podcast-1.0.dtd"
	xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/"
	>
<channel>
	<title>Comentarios en: Petición a la audiencia&#8230;</title>
	<atom:link href="http://www.unalineasobreelmar.net/2010/02/02/peticion-a-la-audiencia/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://www.unalineasobreelmar.net/2010/02/02/peticion-a-la-audiencia/</link>
	<description>Una hora de radio dedicada a la filosofía de garaje</description>
	<lastBuildDate>Fri, 03 Feb 2012 13:13:03 +0000</lastBuildDate>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>http://wordpress.org/?v=3.0.3</generator>
	<item>
		<title>Por: Historias del metro &#124; Una línea sobre el mar</title>
		<link>http://www.unalineasobreelmar.net/2010/02/02/peticion-a-la-audiencia/comment-page-1/#comment-146</link>
		<dc:creator>Historias del metro &#124; Una línea sobre el mar</dc:creator>
		<pubDate>Fri, 12 Feb 2010 17:03:35 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">http://www.unalineasobreelmar.net/?p=347#comment-146</guid>
		<description>[...] Respuesta de DarVáter a nuestra petición [...]</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>[...] Respuesta de DarVáter a nuestra petición [...]</p>
]]></content:encoded>
	</item>
	<item>
		<title>Por: Oscar</title>
		<link>http://www.unalineasobreelmar.net/2010/02/02/peticion-a-la-audiencia/comment-page-1/#comment-142</link>
		<dc:creator>Oscar</dc:creator>
		<pubDate>Mon, 08 Feb 2010 20:28:26 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">http://www.unalineasobreelmar.net/?p=347#comment-142</guid>
		<description>Gracias Dar Váter!!!  

Eso ocurre cuando no tenemos lugar para escapar, nos vemos forzados a mirar al otro, y descubrimos que debajo del hábito hay alguien como uno mismo. En esa línea recomiendo el corto ganador de un Goya, &quot;Salvador, historia de un milagro cotidiano&quot; de Hwidar Abdelatif, que no te lo destripo pero la sonrisa de un niño puede ser un antídoto ante el mal.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Gracias Dar Váter!!!  </p>
<p>Eso ocurre cuando no tenemos lugar para escapar, nos vemos forzados a mirar al otro, y descubrimos que debajo del hábito hay alguien como uno mismo. En esa línea recomiendo el corto ganador de un Goya, &#8220;Salvador, historia de un milagro cotidiano&#8221; de Hwidar Abdelatif, que no te lo destripo pero la sonrisa de un niño puede ser un antídoto ante el mal.</p>
]]></content:encoded>
	</item>
	<item>
		<title>Por: Dar Váter (Luc-yo-soy-tu-padre)</title>
		<link>http://www.unalineasobreelmar.net/2010/02/02/peticion-a-la-audiencia/comment-page-1/#comment-141</link>
		<dc:creator>Dar Váter (Luc-yo-soy-tu-padre)</dc:creator>
		<pubDate>Mon, 08 Feb 2010 09:59:28 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">http://www.unalineasobreelmar.net/?p=347#comment-141</guid>
		<description>Una historia del metro.
Me la contó mi compañera hace unos días. Iba ella con nuestra hija de cinco meses en el metro (en bcn), en la zona aparca-carros-bicis-y-demás-trastos, por lo del carrito de la niña. En una parada entra un chico con perro punkarra y bici desastrada: pelo largo, larguiducho todo él y con aspecto okupa. Se coloca también en la zona de trastos y, mientras silba y canturrea algo indefinible, empieza a pegar adhesivos con consigna por todas partes. Mi compañera observa que su presencia levanta alguna desconfianza en las dos señoras con carrito de compra y el ejecutivo joven con bici plegable que comparten espacio. La niña &quot;escanea&quot; al larguiducho de arriba abajo, como hace últimamente con los personajes que le atraen. Y lo hace con ceño fruncido y mirada casi adulta, en silencio. El caso es que el observado se da cuenta y la va mirando a ella de vez en cuando, hasta que decide intervenir. Se le acerca, se agacha, aproxima su cara a la de la imperturbable niña, sonríe y le suelta: &quot;¿Y tú qué, carabola?&quot;. Brevísimo silencio. La niña despliega una amplísima sonrisa cómplice. Y se produce un efecto de contagio: de repente sonríen las señoras y el ejecutivo, mientras la madre de mi niña advierte: &quot;Ahora ya no va a dejar de mirarte, que lo sepas&quot;. ¿Y?, le digo. Los niños, ya se sabe... No, me dice, lo que hizo sonreír a los estirados esos no fue ella sola, sino él, ellos, su relación. Y me dice que ahí empezó un breve cruce de mensajes y sonrisas alrededor de la niña en el espacio de trastos: &quot;pues parece que le has hecho gracia&quot;, &quot;la jodía no me suelta&quot;, &quot;y al perro, ni mirarlo&quot;... Fin de las desconfianzas. Al cabo de unas pocas paradas baja el larguiducho, saludando a la concurrencia con un &quot;venga, taluego&quot;. Y los demás, me dice mi compañera, que se interesan por el contenido de las pegatinas que inundan el rincón.
Saludos desde bcn.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Una historia del metro.<br />
Me la contó mi compañera hace unos días. Iba ella con nuestra hija de cinco meses en el metro (en bcn), en la zona aparca-carros-bicis-y-demás-trastos, por lo del carrito de la niña. En una parada entra un chico con perro punkarra y bici desastrada: pelo largo, larguiducho todo él y con aspecto okupa. Se coloca también en la zona de trastos y, mientras silba y canturrea algo indefinible, empieza a pegar adhesivos con consigna por todas partes. Mi compañera observa que su presencia levanta alguna desconfianza en las dos señoras con carrito de compra y el ejecutivo joven con bici plegable que comparten espacio. La niña &#8220;escanea&#8221; al larguiducho de arriba abajo, como hace últimamente con los personajes que le atraen. Y lo hace con ceño fruncido y mirada casi adulta, en silencio. El caso es que el observado se da cuenta y la va mirando a ella de vez en cuando, hasta que decide intervenir. Se le acerca, se agacha, aproxima su cara a la de la imperturbable niña, sonríe y le suelta: &#8220;¿Y tú qué, carabola?&#8221;. Brevísimo silencio. La niña despliega una amplísima sonrisa cómplice. Y se produce un efecto de contagio: de repente sonríen las señoras y el ejecutivo, mientras la madre de mi niña advierte: &#8220;Ahora ya no va a dejar de mirarte, que lo sepas&#8221;. ¿Y?, le digo. Los niños, ya se sabe&#8230; No, me dice, lo que hizo sonreír a los estirados esos no fue ella sola, sino él, ellos, su relación. Y me dice que ahí empezó un breve cruce de mensajes y sonrisas alrededor de la niña en el espacio de trastos: &#8220;pues parece que le has hecho gracia&#8221;, &#8220;la jodía no me suelta&#8221;, &#8220;y al perro, ni mirarlo&#8221;&#8230; Fin de las desconfianzas. Al cabo de unas pocas paradas baja el larguiducho, saludando a la concurrencia con un &#8220;venga, taluego&#8221;. Y los demás, me dice mi compañera, que se interesan por el contenido de las pegatinas que inundan el rincón.<br />
Saludos desde bcn.</p>
]]></content:encoded>
	</item>
</channel>
</rss>

