Debate sobre la intención del programa
Guión
05/12/2010
Marga dice:
Y ahora, como me habéis dado un tirón de orejas por no abrir mi código,
pues mi código de estos dos programas es este:
- Exponer cómo mi actividad de los domingos, cuando me lo paso bien, no
es necesariamente un corte con mis actividades "de entre semana". Cuando
me lo paso bien y disfruto sigo pensando en las mismas cuestiones en las
que pienso cuando tengo problemas o sufro. Pensar no es aburrido.
- Exponer que con una buena rejilla cualquier material es bueno para
pensar. El libro de Wagensberg me lo dio a leer Ana, me llegó por azar.
No es una lectura filosófico-sesuda. Llevándolo más allá, cualquier
compañía, en este caso Ana y sus aficiones (los libros que lee, los
pájaros que observa...), puede ser para mí una buena compañía para
pensar. Como decimos en el lema "una hora de radio para pensar en
compañía". No hace falta tener conversaciones eruditas. Puedes pensar
con materiales de "garaje". Lo que sí creo indispensable es tener una
buena rejilla. El que yo haya llegado a tenerla ahora, eso es algo que
se lo debo al grupo. ¡Gracias, mareo! ;-)
- Arriesgarme a empezar a pensar sin saber a dónde voy a llegar. Estos
programas he querido que se conduzcan más como una conversación de bar
que como una reunión o conferencia. En un formato reunión-conferencia
muchas veces el final está puesto de antemano y solo sirve para reforzar
lo que ya está en el inicio. En una charla de bar las conversaciones
discurren más azarosamente, con mayor apertura e indefinición, y
normalmente no se espera de ellas un momento conclusivo sino que suelen
quedar en el aire. ¿Será por eso la práctica tan habitual de ir a tomar
cañas después de una reunión? Bueno, volviendo al programa, he querido
arriesgarme a leer y pensar sobre un libro que es un libro "cualquiera",
que me llegó como me llegaría una conversación de bar (si yo fuera a los
bares, claro, ja ja ja), simplemente porque alguien me lo ha puesto en
la mano, simplemente porque alguien ha pensado que me podía interesar, o
porque ha querido compartirlo gratuitamente conmigo.
- Practicar la escucha en lugar de practicar la
discusión/confrontación/debate (modelo tertulianos). El objetivo de
estos dos programas sería "aprender" a entender lo que dicen otros. No
necesito tener una opinión personal de todo. Puedo escuchar lo que dicen
otros sin estar todo el tiempo haciéndome la pregunta interior de "qué
pienso yo al respecto". Diferenciar las ideas de las opiniones. Este
punto todavía no lo tengo muy claro pero estaría en la línea de indagar
el miedo a zambullirme en un pensamiento sin tener armado "mi
posicionamiento" como defensa. Puedo leer el libro de Wagensberg y el
libro puede ayudarme a pensar sin necesidad de estar yo ni de acuerdo
con él ni en desacuerdo con él.
- Vivir los tiempos largos. Los tiempos de la escucha y de la
elaboración son largos. Por eso en el programa son imprescindibles esas
largas secuencias de la observación de aves, en las que el ritmo es
"hacia ninguna parte". Sólo observar. Eso no sé si lo habré conseguido,
pero era la intención: imprimir al programa un dinamismo distinto, que
no sea el dinamismo de presentación-nudo-desenlace sino el dinamismo de
una golondrina volando, que no para de moverse pero no va a ninguna
parte y a la vez la placidez de un pato deslizándose sin esfuerzo sobre
las aguas del lago y haciendo mutis por el foro cuando le da la gana de
desaparecer debajo del agua, sin haber llegado tampoco a ninguna parte.
Un dinamismo sin tensión, sin tragedia, sin desenlace.
Amador contesta:
Yo sigo dándoos la matraca con Ranciére. Su último libro es una crítica del
modelo "denuncia" en el arte político.
Dice algo muy parecido a Marga: en el arte político, el autor quiere ser
dueño del efecto, quiere anticipar el efecto, teledirigirlo.
Eso es lo que hace el estereotipo: trata de imponer un efecto. Y por
ello mismo
desprecia y denigra la capacidad activa de espectador (u oyente).
A partir de aquí, Ranciére hace una crítica devastadora del arte político,
arte activista incluido (yomangos, teatro callejero, etc.).
Es increíble leer a un tipo que refuta de golpe todo lo que uno ha pensado
y piensa, es lo que me pasa a mi con R.
Ranciére considera que el arte político-activista no escapa del
modelo-denuncia
porque sigue queriendo ser "dueño del efecto": movilizar, sacar a la
calle, remover
conciencias, etc.
Para Ranciére, toda pedagogía, por definición, es embrutecedora. Incluso
la "crítica", que opone estereotipos críticos a los estereotipos
dominantes.
¿Cómo escapar del modelo-denuncia? Ranciére no considera la vía
de hablar en primera persona (pertenece a una tradición distinta
de las filosofías de la vida).
Él habla de la obra de arte: cuyos objetos no dicen nada, ni te dominan
ni tu los dominas. Su eficacia está basada en la no-eficacia (nota: es muy
distinto a Jullien). Esto sería muy largo de resumir, lo que piensa él de la
obra de arte.
El programa de radio es medio ensayo, medio obra de arte, no? :-)
Así que está guay pensar/experimentar formas de escapar del modelo
didáctico.
Esto me parece muy difícil... Me pregunto si nosotros no seguimos haciendo
un uso "didáctico" de las imágenes (los audios, la música) cuando los
ponemos para decir otra cosa. Un uso instrumental, de ilustración
de tesis.
Por eso me interesó mucho el programa de las flashmobs: pensar cómo
sería una forma sin contenido alguno... Pero que al mismo tiempo
diga algo, haga vivir algo, exprese una posición compleja, no sea puro
caos, pura mezcla, pura confusión, pura conexión arbitraria...
Yo creo que en el programa de ayer funcionaban muy bien los audios
de los pájaros: es verdad que creaban otra atmósfera (lo noté aunque
yo estuviera tenso pensando en mi papel).
Ahora bien, no querer ser el dueño del efecto significa también reconocer
que quien escucha puede hacerlo con otra idea, desde otro lugar muy
distinto al que concibió.
Y es lo que me pasa a mi con Wagensberg. Para mi representa al "hilo
musical" en el pensamiento. Lo que dice me parece el resumen de
la corriente dominante de la filosofía, la que yo estudié durante años
en la Uni. Y está fenomenal conocerla, por supuesto, pero a mi me
asalta al escucharla un deseo de pelea. Me pregunto: ¿qué me quieren
contar con esto? No soy capaz de escucharlo sin posicionarme. Ahí divergen
el viaje en que está Marga (escuchar, aprender) en el programa y el
"viaje" en el que estoy yo al escucharlo.
Lo cuento porque como Marga libera código de la fabricación del programa
yo libero código de mi escucha :-)
Y lo último que os cuento de Ranciére :-) Es increíble cómo discute sin
reproducir el modelo-tertuliano. Porque R discute muchísimo: ataca y
critica, pero precisamente para atacar y criticar mejor el tío es muy capaz
de una escucha asombrosa, es decir, de comprender muy muy finamente
qué quiere decir el otro. ¡Yo he comprendido autores que llevaba leyendo
años
a través de la críticas que les hace R!