Un círculo dentro de otro círculo. Por un lado, el círculo de violencia y terror que clava más y más hondo el conflicto en Oriente Medio con cada nueva víctimización que logra producir.
Dentro, el Círculo de Padres, una organización que reúne a más de 500 familias israelíes y palestinas que transforman el dolor por la pérdida de un ser querido en acciones por una paz reconciliadora.
Insumisos a la victimización, su palanca de cambio es la dignidad y la complejidad del mismo hecho de ser humanos.
En Una Línea sobre el Mar pudimos conversar y pensar en compañía de Aaron Barnea y Alí Abu Awwad, representantes internacionales del Círculo de Padres.
¿Qué significa reconciliación? ¿Puede darse antes de un Acuerdo de Paz? ¿Qué hace concretamente el Círculo de Padres al respecto? ¿El carácter apolítico del Círculo es una debilidad o una fuerza? ¿Hay humanidad en todos los otros o sólo en “algunos” otros?
Aquí puedes leer la traducción inglés-castellano de las intervenciones de Ali en el programa
Referencias:




Quizás os interese releer yo que ya puse en otro post sobre cómo lo humano, que es apolítico, se hace político.
http://www.unalineasobreelmar.net/2010/05/25/%C2%BFquien-teme-a-arquimedes/comment-page-1/#comment-365
Tuve la suerte de poder escuchar a Aaron y a Alí al día siguiente de grabar este programa en el encuentro “paz en positivo: un reto posible” en Bilbao. Os vuelco aquí abajo las notas que tomé:
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Aaron: Cuando murió su hijo, él y su mujer creyeron firmemente que era el fin de sus días. Pero siguieron hacia adelante por sentido de la resonsabilidad con el resto de sus hijos y familia.
Aaron se dio cuenta de que, aunque su discurso seguía siendo el mismo, el interés que despertaba se había multiplicado. Se debía al hecho de que se hijo había sido sacrificado al Moloch de la guerra.
Siguió el legado pacifista de su hijo y entró en el Círculo de Padres recién creado.
El objetivo del Círculo es romper la inmensa confabulación de estereotipos que sostiene el conflicto mediante la humanización del otro y la ruptura emocional que trae consigo su ejemplo.
No hay que pedir sólo que se respeten los DDHH, sino ir a las raíces. La raíz es el conflicto. El enemigo es el conflicto, la situación de conflicto, no el otro.
Alí: De lo que se trata es de sentarse en una silla más incómoda desde la que ver el mundo. Preguntarte cuál es la necesidad del otro como ser humano. Preguntarte: qué se siente cuando visitas a tu madre en la cárcel, qué se siente cuándo eres torturado, qué se siente cuando peleas con piedras contra un enemigo poderosamente armado, qué se siente cuando todo el mundo espera que seas un héroe a los 17 años.
En la cárcel experimentó la enorme fuerza de la no-violencia. Logró, después de organizar mil y una protestas, poder ver a su madre que estaba en la cárcel de mujeres. Cuando se encontraron, los oficiales israelíes que les custodiaban lloraban, ellos no. Conocía a los israelíes como fuerza ocupante, militares, enemigos, pero nunca había visto a uno llorar.
Para Alí, su hermano valía más que todo un planeta, ¿cuántos israelíes tendría que matar entonces para quedar satisfecho, en paz? ¿Todo un planeta?
¿Dónde colocamos el odio y la ira? La estrategia no-violenta es la vía más eficaz para canalizar eficazmente la ira.
Tenemos que ser a la vez los más listos y los más estúpidos, los más inteligentes y los más ingenuos.
Preguntarnos todo el rato: ¿quiero tener razón o ser eficaz?
La sangre es material para una y mil iniciativas políticas, pero nuestra sangre no está en venta. Hay que cambiar la mirada internacional sobre el conflicto. Todos estamos conectados: lo que pasa en Oriente Medio, te afecta.
Cuando uno es víctima, reacciona, no actúa. Ser víctima es ser manipulado por la misma sensación de ser víctima. Y estar todo el rato en una competición absurda: ¿quién es más víctima?
¿Por qué no se dejan las armas? Porque no hay cambios reales en la vida cotidiana. A los palestinos no les basta un alto el fuego: hay que acabar con la violencia estructural-cotidiana de los check-points y demás.
Una vez pasaba Alí un check-point con un amigo y un soldado israelí les quiso humillar. “No me puedes victmizar”, le dijo Alí. “Yo pasaré este check-point y tu sin embargo te quedarás aquí”. El soldado israelí cambió completamente de actitud al escucharle. ¿Quién controlaba entonces la situación? Hay que saber elaborar la propia ira: eso requiere mucha fuerza. De nuevo, preguntarse: ¿quiero tener razón o ser eficaz?
A través de los gestos de humanidad, dejas al otro sin opción. “Coge un arma, entonces sabré cómo tratarte”, piensa el otro.
El muro sólo materializa el miedo israelí.
La visión de la reconciliación de Alí es política, no psicológica. “Me siento con Aaron porque eso puede resolver una situación política”. La reconciliación, la no-violencia son herramientas para una solución política. La reconciliación ahora es una herramienta para conseguir un acuerdo, pero luego debería convertirse en un objetivo en sí mismo: ser buenos vecinos.
Ahora, la reconciliación sin estrategia, sin objetivos políticos no funcionará. ¿Cuál es la visión de Alí? Tener un Estado propio, acabar con la ocupación. Para ello se trata de empoderar a la gente en la no-violencia. Se necesita una voz práctica. La paz necesita una estructura, ¿cuál? Una estructura es lo que permite a más gente unirse al proceso, hacer de la paz un comportamiento público, colectivo. La no-violencia necesita una estructura y una estrategia públicas.
Antes esperaba una respuesta de los demás: eso significa ser una víctima. Ahora ya no.
Alí no sabe qué le sucedió a él para buscar y querer la reconciliación, pero ahora sí sabe lo que quiere.
Decir la verdad es muy importante. Decir la propia verdad. Cuál es la realidad de cada cual, qué te ha llevado a donde estás.
La no-violencia actúa haciendo preguntas. Su arma es la moral, la humanidad. Poner la propia humanidad frente a quien la niega. Hacer que algo (un check-point, por ejemplo) no funcione. No responder cómo se espera. Responder como no se espera. La no-violencia es también una identidad, una referencia: si la de Hamas es la violencia armada, hay que construir una referencia alternativa.
Otra vez, un buen programa!
Conmovedor.
Incluso después de haber oído los testimonios del círculo de padres, me da trabajo imaginar la dignidad de estas personas para llegar a apolitizar sus experiencias que tanto han sido determinadas por los conflictos históricos y las políticas de guerra y las lógicas de buenos/malos.
Y además de dignidad, yo diría autonomía, para decidir no actuar como víctima política. Porqué las palabras grandes de la política ( UNA sociedad soberana, libre, justa, tolerante … ) crean una ilusión de conjunto cuando, en verdad, son las personas quienes podemos ser libres, justos, tolerantes o soberanos solo de nosotros mismos, en mayor o menor grado. Pero para sobreponerse a esta ilusión del sistema de derechos y obligaciones, por decirlo de una manera coloquial, no lo tenemos que creer.
Luego ¿es esto también hacerlo apolítico?
Una pregunta:
En la sociedad española en que la violencia terrorista parece ser interpretada y integrada en el terreno público por medio de una lógica muy politizada, me pregunto si las experiencias del círculo de padres podrían ayudar a dirimir las violencias. (?)
¿Quizás son demasiado diferentes las sociedades y las víctimas de los conflictos y por tanto incomparables su dimensión política?